Nuestra matriz energética está compuesta en su mayoría por fuentes no renovables, aunque la porción eléctrica de la misma puede ser un 90% libre de combustibles fósiles.

Según las características del desarrollo sostenible, que deben impulsar a la vez los elementos Sociales, Económicos y Ambientales de una manera viable, viable y equitativa (CEPAL, 2018), es vital la inclusión sostenida de fuentes renovables a la matriz energética. 

La Organización de las Naciones Unidas, ha propuesto un plan de acción basado en 17 objetivos con el fin de acercarnos cada vez más al objetivo de la sostenibilidad. Uno de estos objetivos (el número 7), propone garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos. 

De esta misma forma, otros esfuerzos convergen en la consecución de un objetivo común basado en Paz y Ambiente. Las energías que más desarrollo están teniendo en este momento son la eólica y la solar. Ambos tipos de energía son intermitentes y no pueden ser utilizados como energía base en un sistema interconectado. 

Esta itinerancia energética podría provocar disturbios en la red lo suficientemente fuertes como para generar problemas a nivel de distribuidores y consumidores, aunque para que esto sea perceptible en un sistema interconectado, se requiere de un alto porcentaje de participación (que hoy ni se asoma).

En regiones como la Australiana o las Islas de Hawaii, la incorporación desmedida de sistemas solares y otras itinerantes, ha provocado el crecimiento de otra gran industria renovable, la del almacenamiento y regulación.

Si bien hemos ya pasado por la era energética de los sólidos (como el carbón), o los líquidos (como el petróleo); aún queda por desarrollar de manera masiva el gas. Es seguro que esta fuente será la principal base energética global en un futuro no muy lejano, claro está, seguido de eólica y solar. Estas tres fuentes energéticas serán pilar mundial y contribuirán con la reducción de GEI. 

Ahora bien, en la consecución de estos objetivos, se debe afrontar los problemas de estabilidad y gestión energética que conllevan. Es donde brillan los sistemas de administración, gestión y acumulación de la energía. 

Se desarrollan los sistemas de bombeo, acumuladores de plomo, litio, y otros como el hidrógeno verde, cada uno en un punto particular de desempeño, pero todos al fin en lucha común para afrontar los retos de una matriz muy dinámica y democrática.

Es inevitable el crecimiento de la generación distribuida y los consumidores-productores. Esta fórmula es la que supone la base para lograr los objetivos energéticos basados en la agenda 2030 que ya tenemos a la esquina.

Ante este crecimiento exponencial, queda ajustarnos al mercado de manera responsable y eficiente. Por esta razón, el país debe capacitar a más profesionales diseñadores y mucho más personal de instalación y mantenimiento.

Se tienen varias aristas de acción en este sentido. Por ejemplo la Cámara de Generación Distribuida ha publicado (para sus miembros), un manual de buenas prácticas, que básicamente se trata de una extensión de bolsillo del Código Eléctrico Nacional que se basa en el NFPA70 / NEC2014. 

Asimismo, algunos otros entes como asociaciones de electricistas, universidades técnicas y colegios profesionales, están tomando medidas provisorias en este sentido y están generando planes de acción para poder continuar con este crecimiento de manera segura.

Podemos todos ser parte de este cambio, pero hagámoslo de manera responsable. 

Carlos Oreamuno, Ingeniero Electromecánico de YUXTA Energy

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